“Es más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días.”“Elegancia es la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos.”
“Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano.”
“Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas.”
“El amor implica un fenómeno tan raro que se puede vivir toda la vida sin encontrar el ser a quien la naturaleza ha concedido el poder de hacernos feliz.”
“En un marido no hay más que un hombre; en una mujer casada hay un hombre, un padre, una madre y una mujer.”
“Es tan absurdo pretender que un hombre no puede amar siempre a la misma mujer, como pretender que un buen violinista no puede tocar siempre el mismo instrumento.”
“El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre.”
“El amor crea en la mujer, una mujer nueva; la de la víspera ya no existe al día siguiente.”
“El mito global solo nos empuja a la era de la melancolía. El modelo de la codicia se balancea entre la ira y la codicia; mientras la aldea global es solo una esperanza ingenua.”
Honoré de Balzac fue el novelista francés más importante de la primera mitad del siglo XIX, y el principal representante, junto con Flaubert, de la llamada novela realista. Nace el 20 de mayo de 1799 en Tours, en el seno de una familia burguesa. Trabajador infatigable, elaboró una obra monumental, la Comedia humana; ciclo coherente de varias decenas de novelas cuyo objetivo es describir de modo casi exhaustivo a la sociedad francesa de su tiempo. Según su famosa frase, hacerle "la competencia al registro civil". Dentro de las escenas se incluyen sus grandes éxitos de la década de los años treinta, como Eugénie Grandet (1833), que será el primer gran éxito de ventas y Le Père Goriot (1835), una de sus novelas más famosas. Muere en París el 18 de agosto de 1850 y en su funeral Víctor Hugo pronunció las siguientes palabras: "A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado".


































